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Natxo Zenborain posa junto a una ampliadora
antigua en la galería Contraluz de la AFCN.Foto:
patxi cascante |
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pamplona.
Ya lo avisa el título de la muestra: No esperes ver... Lo que creas
ver . Lo que se vea depende, en gran parte, de los ojos de quien
lo contemple. Puede ser lo que Natxo Zenborain percibió en un instante
concreto y ha plasmado en sus foto-pinturas ; o puede que sea
otra cosa, una idea diferente, una sensación nueva que, sin saberlo,
acaban de crear los ojos con un parpadeo, una sonrisa o una mueca de
interrogante sin respuesta. Lo importante es que quien contemple no se
quede indiferente.
Y
es fácil que se cumpla el reto, porque las obras de Zenborain pueden
tener muchos calificativos, pero no casan con el término común.
Tampoco su autor, si por común se entiende aquél que sigue la senda de
una sociedad que vive deprisa, que trabaja, más que vive, también
deprisa, y que apenas se detiene a contemplar, a apreciar, a recuperar
esa parte que Natxo Zenborain tanto adora de los niños: la capacidad
de admiración. En la muestra que exhibe hasta el 30 de enero en la
galería Contraluz de la AFCN, el polifacético artista pamplonés invita
a ser niños de nuevo, a sorprenderse delante de cualquiera de las 23
foto-pinturas sobre vinilo mate que lucen coloridas en las
paredes. Invita también a un viaje. "Un pequeño itinerario por París,
una ciudad con sus peculiaridades", cuenta el autor. "Una mínima parte
de lo que vi y me hizo sentir la que llaman la ciudad de la luz
, no por su luminosidad, sino porque fue la primera ciudad a la que
pusieron luz eléctrica", añade.
Y, desde ahora, la ciudad de la luz también porque, en las obras de
Zenborain, París desprende destellos, como lo haría en la imaginación
de un niño fantasioso que sueña en colores. Cada obra es, más que un
instante inmortalizado, una historia que habla a quien la contempla
como si éste fuera parte de ella, como si estuviera en ese París. Y
todas sorprenden por la manera en que están creadas. "Primero saco una
fotografía con una cámara digital, luego la escaneo y en el ordenador
uno esa imagen con pinturas que he creado para que surja algo nuevo",
dice el artista. Lo mismo que antes hacía manualmente. "La diferencia
es que ahora la caja de pinturas, el bloc para colorear, las tijeras y
los rotuladores están metidos en un mismo cajoncito, el ordenador, una
herramienta que simplifica el trabajo", cuenta.
un mes, día y noche
La muestra de la galería Contraluz exhibe el trabajo más reciente de
Zenborain, fruto de una estancia de un mes en París en noviembre de
2003. De aquel tiempo con sus horas, sus días y sus noches, de
aquellos paseos por parques, monumentos, cafés y glamurosas boutiques
surgieron, "por lo menos, 150 imágenes", apunta el fotógrafo. De todas
ellas, seleccionó 44, y finalmente se decantó por 23 para la
exposición. El proceso de trabajo con las foto-pinturas lo ha
llevado a cabo en 2006, y ahora lo muestra al público en forma de
historia, de viaje poco común, de sorpresa. Un experimento de tantos
que inquietan al artista. "Me gusta probar, jugar, enredar, como un
cocinero que mezcla ingredientes. De la experimentación y del error
siempre salen cosas nuevas", asegura. Por eso, no sabe decir qué tipo
de fotografías hará dentro de cinco años, ni de dos siquiera. "Sólo
espero no seguir igual, ir a mejor o hacia algo diferente", dice.
De momento, la obra de este fotógrafo todoterreno, la que ha mostrado
al público y la que no le han dejado mostrar, puede visitarse en
www.zenborain.com, su ventana al exterior. Una salida hacia
otros mundos posibles. "Internet no sólo es el mayor escaparate y la
mejor forma de comunicación, también es el mayor antídoto contra los
abusos de poder", asegura Zenborain. |